"Debe dejar de encubrir a los que alientan a la violencia", dijo el dirigente de Juntos por el Cambio, tras la frase del dirigente social sobre dejar "sangre en la calle".

No conoció el remordimiento, por el contrario hizo del regocijo el emblema de su cruzada asesina. Cumplía sus condenas en una cárcel común, repudiado incluso por su familia. Entre 1976 y 1979 estuvo al frente de la Dirección General de Investigaciones de la Policía Bonaerense. Bajo su órbita funcionaron no menos de 20 centros clandestinos de detención y otras tantas maternidades clandestinas.