El Cardenal estadounidense Seán O'Malley
Pell pasó de encubridor a perpetrador, según la justicia de su país, y el Papa perdió a uno de los hombres en que más confiaba dentro de la red de poder y fidelidad que comenzó a edificar desde su llegada a Roma. Lo cierto es que su caso animó a los jueces en otras partes del mundo. Solo en abril del año pasado, el sacerdote costarricense Manuel Guevara fue condenado a 18 años por abusar de un niño de 12 años en 2007, luego de que la Fiscalía de Costa Rica allanara la sede de la Conferencia Episcopal.
Una rara excepción, pero muy sonada en el círculo eclesiástico, fue la condena al cardenal australiano George Pell por abuso sexual infantil. Pell había sido designado por Francisco para ordenar las cuentas del Vaticano
Mientras el escándalo estallaba por todas partes, Francisco se reunía con víctimas y prometía apartar a los obispos cómplices, pero como bien explicó Julián Maradeo en su libro La trama: Detrás de los abusos y delitos sexuales en la Iglesia Católica, el Vaticano solo se enfoca en los casos que salieron a la luz, porque el ala más reaccionaria de la institución no ve abuso infantil como un flagelo por el cual tenga que rendir cuentas -y que puede costarle fieles a la iglesia-, sino como una cuestión de pérdida de influencia interna.
En febrero de 2019, el Papa convocó a una cumbre para discutir los casos de pedofilia, luego de que el obispo de Pittsburgh (EEUU), David Zubik, se comprometiera a revelar los nombres de los más de 300 sacerdotes y exsacerdotes involucrados en una red de abusos que se mantuvo en silencio por más de siete décadas y que estaba siendo investigada entonces por jurado. El encuentro organizado por Francisco quedó solo en buenas intenciones.
Francisco con George Pell, fallecido en 2023.
Ante este fracaso, el máximo líder de la iglesia católica dio un paso trascendental al levantar el secreto sobre los juicios canónicos, que en la práctica suponía una mayor colaboración con la justicia civil. También alentó la investigación interna a los religiosos sospechados de encubrir delitos vinculados con el abuso a menores, en la que Roma tendría la última palabra, y aumento las sanciones, incluidas en el Código de Derecho Canónico.
Francisco publicó en 2020 el Informe McCarrick, en base a la carrera sin sobresaltos del excardenal, pese a haber cometido una serie de abusos, pero los problemas seguían en la comisión liderada por O'Malley. El padre Hans Zollner, jesuita como el Papa, pegó el portazo por manejos "poco transparentes", la falta de iniciativa y recursos escasos.
Con todo, la comisión dio a conocer su primer informe en octubre pasado. El texto de 100 páginas analiza la situación en la curia de solo 17 países, donde el panorama es desolador: cooperación mínima de las diócesis, pocos recursos y expertos para tratar la cuestión, mecanismos prácticamente inexistentes para supervisar a las autoridades eclesiásticas y apoyar a las víctimas y el incumplimiento de los protocolos.